Nicolás Larcamón es el entrenador que ha regresado a Cruz Azul a aquellos tiempos de penumbra en la táctica dentro del campo. Su idea de juego se ha limitado a jugar por el centro con permanentes paredes que nulifican los equipos desde hace más de un mes. Sin un plan de respaldo, la Máquina se ha visto eliminada en Concachampions y relegada en la Liga MX.
El estratega celeste vive exactamente la misma situación que el semestre pasado, su equipo iba bien encaminado hasta que perdió el camino, sin muestras de que puede recuperar el rendimiento y confianza de sus futbolistas. Ya dejó escapar la Leagues Cup, Apertura 2025, Concacaf 2026 y ahora el Clausura 2026 está en la cuerda floja.
Mientras esto sucede, algunos futbolistas como Erik Lira o Andrés Gudiño han declarado que están a muerte con Larcamón para sacar adelante el torneo, pero hay una realidad que se nota a leguas; el equipo ya no confía en Nicolás.
Cruz Azul sacó a los líderes cementeros en el último mercad de fichajes, Sepúlveda, Rivero y Faravelli se fueron con la intención de que Larcamón tuviera más control y por ende mejores resultado, pero el tiempo ha expuesto que no se trata de su materia prima, sino de su falta de capacidad.
Como futbolista, es difícil confiar en alguien con ese patrón de funcionamiento y que no potencia las cualidades de sus elementos, por lo que dudo mucho que Larcamón sea capaz de recuperar la seguridad de sus jugadores.
A manera de opinión, lo mejor sería sacar a Larcamón ya, tratar de aprovechar lo que queda de torneo con alguien que, con pocas probabilidades, pueda hacer la diferencia. Pues encuentro nulas las probabilidades de Nicolás para superar los cuartos de final de la liguilla.
Eso sí, creo que es ideal que Iván Alonso se quede en el cargo de directivo, pero considero que el perfil a buscar debe tener como prioridad el éxito previo en torneos que se definan en liguilla, tal como podría ser el mismo Antonio Mohamed.
